Grupo de Cine: Werner Herzog

MAYO—INICIO Jueves 7 de mayo de 19 a 21hs.

 ESTUDIO DE LA OBRA CINEMATOGRÁFICA DE

WERNER HERZOG

3. Herzog Werner

Todos los Jueves del año de 19 a 21hs.

A cargo de Guido Mizrahi

Maître ès Philosophie

Université de Paris IV-Sorbonne

Diez visiones viscerales

de la Vida y del Cine

Cine de Pensamiento

 

A esta imprecisa vida hay que entrarle por varios flancos a la vez, como en una ofensiva: por las diligencias del pensamiento filosófico y cinematográfico. Ver no difiere de pensar ni pensar de ver. Pensar puede convertirse en una ventana indiscreta y ver transformarse en temor y temblor.

La filosofía y el cine nos intiman a una atención precisa de casos excepcionales y visiones concretas. Ni el cine debe ser entretenimiento ni la filosofía abstracta.

Pensar y ver es retar lo conocido; esa inmensa dedicación de mirar con ojos bien abiertos la tragicómica vida en sus variaciones y géneros, en sus penumbras, planos y secuencias, y agradecer los pensamientos que se reciben y los claroscuros que se nos ofrecen. En esas expectaciones reside la muy noble tarea de pensar y de ver.

El objetivo del curso es darle un sentido vital a la filosofía y al cine. Las imágenes visuales nos conmueven, nos emocionan a tal punto que, por momentos, pueden más que el pensamiento verbal y que todo lenguaje escrito.

Filmografía de WERNER HERZOG a estudiar:

1 

LARGOMETRAJES

 

  1. Signos de vida (1968).
  2. También los enanos empezaron pequeños (1970).
  3. Fata Morgana (1971).
  4. Aguirre, la cólera de Dios (1972).
  5. El enigma de Kaspar Hauser (1974).
  6. Corazón de cristal (1976).
  7. Stroszek (1977).
  8. Nosferatu, vampiro de la noche (1979).
  9. Woyzeck (1979).
  10. Fitzcarraldo (1982).
  11. Donde sueñan las verdes hormigas (1984).
  12. Cobra verde (1988).
  13. Grito de piedra (1991).
  14. Invencible (2001).
  15. La salvaje y azul lejanía (2005).
  16. Rescate al amanecer (2007).
  17. Teniente corrupto (2009).
  18. My Son, My Son, What Have Ye Done (2010).

CORTOMETRAJES

  1. Herakles (1962).
  2. Juego en la arena (1964).
  3. La incomparable defensa de la fortaleza Deutsch- kreutz (1967).
  4. Últimas palabras (1968).
  5. Medidas contra los fanáticos (1969).
  6. Nadie quiere jugar conmigo (1976).
  7. La Boheme (2009).

DOCUMENTALES

  1. El país del silencio y la oscuridad (1971).
  2. Ecos de un reino siniestro (1990).
  3. Las campanas del alma (1993).
  4. El pequeño Dieter necesita volar (1997).
  5. Mi enemigo íntimo (1999).
  6. La rueda del tiempo (2003).
  7. El diamante blanco (2004).
  8. Grizzly Man (2005).
  9. Encuentros en el fin del mundo (2008).
  10. La cueva de los sueños olvidados (2010).
  11. Into the Abyss (2011)
  12. Happy People: A Year in the Taiga (2011)
  13. On Death Row (2012)

 

                    

 

Los 10 mandamientos de Werner Herzog

  1. No estudiarás cine

Los estudios sobre cine, por desgracia, son una enfermedad. Manténganse alejados de ellos. Salgan de allí lo más rápido posible. Esa forma académica, puramente cerebral, intelectual, de mirar las películas… La Academia es el enemigo. La Academia acabará con todos sus instintos vitales. Así que tengan mucho, mucho cuidado. Ya saben a qué me refiero: a ese parloteo insulso, académico, sobre las imágenes posestructuralistas, sobre el posmodernismo, sobre la proyección sistemática de un fotograma, y qué constituye filosóficamente un fotograma… Agarren sus cosas y corran tan rápido como puedan.

  1. Serás astuto e intuitivo

Tienen que desarrollar cierto grado de astucia. Eso no se aprende en una escuela de cine; se aprende en la vida. Mi consejo es que viajen a pie. Porque el mundo se revela a aquellos que viajan a pie; el mundo se hace entender. Y viajar a pie cuatro meses vale más que cuatro años en una escuela de cine. Es mi firme opinión, aunque nunca fui a una escuela de cine.

No hay técnicas cuando se trata de la intuición. No nací con intuición; la fui adquiriendo. La fui adquiriendo al experimentar pura vida, la vida en su estado más crudo. Al caminar a pie. Al cruzar el Sahara. Al estar preso en África una vez, o dos. Tiene que ver con ciertas cosas fundamentales, elementales, que hay que experimentar en la vida. Nadie puede enseñárselas. Y por supuesto, tiene que ver con la poesía. Tiene que ver con cierto sentido de la poesía. Hay que tenerlo adentro, de alguna manera, pero leer ayuda. No dejo de decirles a los jóvenes realizadores que tienen que leer. Mi postulado, mi demanda, es no sólo que lean: lean, lean, lean, lean, lean, lean, lean, lean; si no leen, nunca serán realizadores.

  1. No soportarás el cinéma vérité

Recuerdo que en Ámsterdam, o en Rotterdam, estuve con varios documentalistas en un panel de debate. Todos los panelistas hablaban sobre el cinéma vérité, y sobre que debíamos ser sólo una mosca en la pared. Y no pude soportarlo más, y agarré el micrófono y les dije: “No, no debemos ser una mosca en la pared, no vamos a ser la cámara de seguridad de un banco. Tenemos que ser el avispón que pica”. Hubo un gran alboroto, todos empezaron a murmurar contra mí.Y volví a agarrar el micrófono y les grité –y eso que eran como 400-: “¡Feliz año nuevo, perdedores!”.

En el mundo del cine siguen flotando las ideas del llamado cinéma vérité, la idea de que los hechos constituyen la verdad. No, no es así. Los hechos son hechos, pero no nos iluminan. Los hechos son para los contadores. He irritado mucho a la gente del cinema verité diciéndoles que trabajan con la verdad de los contadores. Si fuera así, el libro más importante sería la guía telefónica de Manhattan, con 4 millones de entradas, todas ellas factualmente correctas. Pero eso no nos ilumina. Si los encerraran en una celda, y esa fuera la única literatura disponible, se suicidarían. El cinéma vérité es, esencialmente, una respuesta de los años sesenta. Pero hoy, con todas esas realidades virtuales que emergieron tan rápido, el cine y los cineastas tienen que buscar nuevas respuestas. Intento articular un “éxtasis de la verdad”; algo que nos ilumine, algo que vaya más allá de nuestra concepción corriente, normal, del mundo factual. Para lograr este tipo de verdad (y uso el término “verdad” con cuidado, porque ni siquiera los matemáticos o los filósofos pueden decirnos qué es la verdad), trato de encontrar un modo de acceder al mundo real que los ilumine, que haga que al salir del cine sean más ricos. Algo que no se olvide fácilmente.

  1. No consentirás filmaciones impuras

Con respecto a los límites éticos, por supuesto que siempre deberían existir, en cada uno de nosotros. No sé cuáles son sus límites éticos. Pero tienen que encontrarlos, tienen que establecerlos. Por ejemplo, en Grizzly Man, había un video del momento en que Timothy Threadwell y su novia fueron comidos por un oso. La prensa lo sabía, y se difundió que existía una cinta de seis minutos. Sin embargo, no hay imagen, porque el ataque fue tan inesperado que a la joven se le cayó la cámara sin quitarle la tapa, así que está sólo el audio. El productor, el distribuidor y la cadena de televisión me dijeron que tenía que hacer referencia a eso, porque todo el mundo quería saber qué había en esa cinta. Y les dije: “Sí, haré referencia a eso, pero no sé si lo voy a difundir”. Mi forma de hacer referencia a eso fue filmarme desde atrás, mirando a la mujer que había vivido con Threadwell, y que había creado una fundación con él. Yo tenía puestos los auriculares, y ella trataba de leer en mi rostro cuán terrible era lo que estaba escuchando. Y empezó a llorar, porque vio el horror en mi cara. Pero mi cara no se ve. Me saqué los auriculares y le dije: “Deberías destruirlo”. No lo hizo, pero estaba tan shockeado que dije algo muy, muy estúpido. De hecho, lo guardó en una caja de seguridad en un banco. Los productores -y todo el mundo- me preguntaron qué había en la cinta, y les dije que eso no iba a estar en mi película. Era muy horrible. Hay un límite ético. Y ese límite es la dignidad y la privacidad de la muerte de un ser humano. Si me pagaran cinco millones de dólares para filmar una ejecución, diría que no.

  1. Santificarás tus locuras

Puedo llegar muy lejos para encontrar algo que nos ilumine. Hay un deseo de estilización. Soy director, cuento historias, y ustedes también deberían hacerlo. Nunca teman hacer locuras. Esas son las cosas que el público recuerda para siempre.

  1. No escribirás guiones de hierro ni usarás storyboards

Me gusta escribir mis propios guiones; hubo una o dos excepciones en las que no lo hice. Escribo el guión sólo cuando veo la película completa. Es como si la viera aquí, en la pantalla. Escribo lo que se ve, lo que se dice, cómo es la música, cómo son los paisajes. Nunca pierdo tiempo; si no veo la película con la claridad suficiente, no escribo el guión. Y cuando está lo suficientemente claro, lo escribo en una semana; a veces menos. Escribí Aguirre… en dos días y medio, en un micro. Estaba con mi equipo de fútbol, y todos estaban borrachos; el arquero vomitó sobre mi máquina de escribir, pero seguí escribiendo. Trato de trabajar rápido, pero una vez que escribí el guión, en general lleva mucho tiempo hasta encontrar financiación (…). Y nunca lo toco, no vuelvo a mirarlo. No quiero que se agote. Lo que hago en el rodaje es leerlo en general por la mañana, cuando voy a filmar. Leo la secuencia. En general, conozco la historia, sé a grandes rasgos qué es lo que pasa, pero improviso. Creo que el storyboard es un instrumento para los cobardes. No confían en su propia imaginación; no tienen la suficiente confianza como para manejar una situación. Nunca sé en cuántas tomas voy a “cortar” una secuencia. No tengo idea.

El guión tiene vida propia. Y el rodaje, la filmación, la fotografía, tienen sus propias reglas. Sólo cuando uno filma en un estudio, a puertas adentro, donde todo está absolutamente organizado y bajo control, se puede seguir el guión al pie de la letra. Pero yo dejo la puerta abierta, dejo las ventanas abiertas para que pueda entrar cualquier cosa que me resulte fascinante y que pueda pasar a formar parte de lo que estoy haciendo. Y gracias a eso las películas tienen más vida.

  1. Honrarás el sonido, la edición y la música

A veces, cuando estoy en el cine, ni siquiera tengo que mirar a la pantalla: tan sólo escuchando lo que pasa, en 60 segundos sé si se trata de un buen realizador, o de uno muy malo. Así que, por favor, tómense el sonido muy en serio. (…) Gracias al sonido, una película se vuelve mucho, mucho más rica. La textura muchas veces proviene del sonido. Y lo pueden hacer muy fácilmente: no cuesta mucho dinero, no cuesta mucho esfuerzo, pero hay que prestar atención y entender el mundo como si fueran ciegos y sólo pudieran confiar en lo que escuchan. Hagan de cuenta que son ciegos y empiecen a escuchar.

Miro el material con el editor una sola vez. Y mientras lo miramos, vamos parando, y escribo a mano un cuaderno de bitácora, como los viajeros y los marineros. Y describo lo que va pasando. (…) En mi descripción, cuando algo es extraordinario, pongo un signo de exclamación. En casos específicos, muy especiales, pongo dos. Y cuando a veces tengo un material que no sé cómo me merezco, que parece un regalo de Dios, pongo tres. Y le digo al editor: “No me importa lo que pienses: si este material no está en la película, habré vivido en vano”. Y lo entiende de inmediato. Luego, cuando edito, trabajo muy, muy rápido.

Introducir la música siempre es algo muy, muy difícil de hacer. A menudo los cineastas jóvenes, que no tienen mucha experiencia en manejar la música, hacen que comience exactamente con el corte. Pero cuidado: a veces un actor entra en una habitación y trae cierta intensidad. No empiecen cuando atraviesa la puerta. Déjenlo entrar, déjenlo caminar, y que traiga la música consigo. A veces es un diálogo; a veces es un movimiento de la mano, y el movimiento de la mano hace que la música empiece y la intensifica.

  1. Seguirás tu visión y no temerás

Intento ser un buen soldado del cine. Un buen soldado tiene sentido del deber. Su deber es seguir su visión. Tienen que seguir su visión. Si están muy convencidos de su visión, si ven algo en el horizonte que nadie más ve, y quieren compartirlo para que pase a formar parte de los sueños colectivos de todos, entonces tienen un motivo para no tener miedo. No le tengo miedo a nada; esa palabra no está en mi diccionario.

  1. No llorarás en el set

No está permitido tener demasiadas emociones; uno tiene que cumplir con su deber, tiene que hacer lo que tiene que hacer. No se llora en el radio de la cámara. Nadie llora. Si alguien llora, tiene que ser el público; nunca el actor, ni el director, ni ninguno de los que está en el set. Así que les delego mis emociones a los espectadores.

  1. Estarás preparado para lo inesperado

Tienen que estar preparados para lo inesperado. Eso sólo se logra a través de la experiencia de vida. Quizás los que son religiosos tengan cierta fortaleza, porque pueden recurrir a un poder que está por detrás y por encima de ellos: Dios. Pero como no soy religioso, no tengo a nadie. No hay consuelo, no hay nadie, y el dinero nunca resuelve ningún problema. Lo que resuelve los grandes problemas es la fe. La fe mueve montañas; no el dinero. Tienen que pensar lo impensable cuando empiezan una película. Piensen en todo lo que pueda salir mal. En general, cuando uno está filmando una película, todo sale mal. Estén preparados.

—PROGRAMA ANUAL—

 

Marzo a Diciembre 2015

Estudio de los principales films, escritos, documentales y entrevistas de cada director. Se proyectarán fragmentos de las principales obras cinematográficas para el análisis y la interpretación.

 

  1. Marzo

Jean-Luc Godard

 

  1. Abril

Federico Fellini

 

  1. Mayo

Werner Herzog

 

  1. Junio

Rainer W. Fassbinder

 

  1. Julio

Robert Bresson

 

  1. Agosto

Andrei Tarkovski

 

  1. Septiembre

Ingmar Bergman

 

  1. Octubre

Stanley Kubrick

 

  1. Noviembre

Pier Paolo Pasolini

 

  1. Diciembre

Luis Buñuel

 

 

 

Especificaciones generales

 —El Grupo de Estudio de Cine tiene una duración de 10 meses. De Marzo a Diciembre de 2015.

 —El Grupo de Estudio se puede realizar en forma Presencial o a Distancia —ver más abajo Estudio vía Internet.

 —Primera clase gratuita. En caso de continuar, se abona en la segunda clase el arancel mensual.

 —Arancel por mes $ 900.

 —Se abona mensualmente en la primera clase del mes.

 —Una clase semanal todos los jueves de 19  a 21hs.

— No es un requisito realizar el curso entero. Se puede asistir en cualquier mes y momento del año.

 —Se grabaran todas las clases de modo que estarán disponibles. Se entregarán las clases grabadas en DVD o se enviarán mediante Dropbox.

—Ubicación: En Palermo, Av. Santa Fe al 3200 (esq. Bulnes) Zona Alto Palermo, Ciudad de Buenos Aires.

 — Se debe realizar una reserva de vacante vía mail: guidojosemizrahi@gmail.com o a los teléfonos 4 823 9815— celular 15 55 84 38 10.

 —Para la inscripción se solicita enviar los siguientes datos:

  1. Nombre-Apellido y DNI—
  2. E-mail—
  3. Teléfono—
  4. Profesión—
  5. Especificar cómo supo del Grupo de Estudio—

Recibido el mail con los datos solicitados, se confirmará la reserva vía mail y se informará de la dirección.

Estudio Vía Internet

Se puede realizar el mismo trabajo del Grupo de Estudio de Cine a Distancia.

Metodología de trabajo A DISTANCIA

 — Se enviarán las Obras a estudiar en formato PDF y Word y los fragmentos de los films.

— Se enviarán semanalmente las grabaciones—vía Dropbox— de las clases completas.

 — Se responderán todas las preguntas y consultas necesarias para acompañar la comprensión de la lectura y la interpretación de las Obras. Pueden realizarse consultas varias por semana vía mail, vía las páginas de Facebook: Filosofía & Cine,  Guido Mizrahi o telefónicas 4 823 9815 o 1555843810

  — Consultar por material bibliográfico y filmográfico en caso de necesitar disponibilidad.

 —A rancel por mes $800 —en Argentina—.

 — Modo de pago—Depósito o transferencia bancaria.

— Para mayor información y consultas: guidojosemizrahi@gmail.com o al teléfono de línea 4 823 9815 o celular 15 55 84 38 10.

Correo eletrónico: guidojosemizrahi@gmail.com. Sitio Web: www.guidomizrahi.com  Facebook: Guido Mizrahi. Página de Facebook: Filosofía & Cine—.

 

 

 

 

 

Callejón sin salida 

El Totalitarismo en curso

Por Erick Audouard-

Escribir a : erick.audouard@dbmail.com

(Traducción Esther Galante) 

 

Se ha dicho, se dice y se dirá:   las fuerzas políticas y sociales no tienen el poder de aplacar  la angustia del hombre.   Tampoco  los prodigios de la técnica y la bioquímica o la multiplicación de bienes materiales o los productos de entretenimiento como tampoco  pueden llenar la falta que experimentamos en el núcleo de nuestro ser.  Nunca tuvieron  ese poder y nunca lo tendrán. 

 

Al no poder actuar contra la falta constitutiva de la naturaleza humana,  las instituciones cualesquiera sean,  tampoco la pueden crear enteramente.

Por lo tanto hay una buena y una mala noticia.   La buena es que a pesar de todos sus esfuerzos, debido a esta porción irreductible del hombre, su liberación auténtica no reside en los atributos del César.  Dicho de otro modo, se escapará siempre de los poderes de este mundo.

 

La mala noticia es que el totalitarismo actual no se nos impone  desde afuera, desde el exterior, en forma solapada, por medio de leyes liberticidas,  a través de medidas cada vez más debilitantes. Vayamos más lejos aún: el totalitarismo actual no es el totalitarismo de la finanza internacional ni de los banqueros, ni de las multinacionales ni de los mercaderes de la muerte.   No es el fruto de una élite corrompida y diabólica o de una conjuración planetaria del 1% contra el 99% restante. Tampoco  es el resultado de un consorcio de amos que desean alienarnos y someternos a la esclavitud.  El totalitarismo que sufrimos en la actualidad es un infierno, pero en verdad, como todo infierno su origen no está en los otros.  No es el resultado de la publicidad, de los medios, de la imbecilidad de los periodistas, de la codicia de los crápulas, la maldad de los cupidos, en resumen, de una ingeniería al servicio de Satán, sin reconocer que en efecto Satán somos nosotros.

 

Por supuesto que los Amos  existen.  Por supuesto que las élites degeneradas existen. Por supuesto que las manipulaciones existen – manipulaciones y malversaciones de gran envergadura – y la inconsistencia de los periodistas, esos loros de multitudes alcanzando en la actualidad un calibre impensado por parte de personas tan pequeñas.  Por lo tanto a pesar de lo nociva y funesta que sea, la conjugación de todos estos poderes no explica en nada la profundidad y el alcance desde ahora universal del mal que nos devora.

 

Si estos poderes tienen la capacidad de acrecentar este mal, no tienen la capacidad de producirlo.  Este mal tiene un nombre: igualitarismo, es el totalitarismo de la igualdad.  La pasión por la igualdad es una pasión fría, abstracta, desencarnada, y como lo dice René Girard, como lo decía Tocqueville, es más terrible y más demente aún que la pasión contraria y simétrica de la desigualdad. El totalitarismo actual es el totalitarismo igualitario, el totalitarismo que nos hace iguales en lugar de hacernos semejantes. Hoy el hombre es la presa del totalitarismo igualitario y por ello se escandaliza y se exaspera en luchas cada día más vanas.  Ello se debe a que en plena globalización no hay nada que lo distinga de su prójimo  por más que luche de manera encarnizada para poder distinguirse de él.  Y precisamente porque su prójimo es siempre su igual,  en algún momento será su rival.

 

De la guerra sangrienta a la guerra de cámara, del Medio Oriente a la vida de oficina, una competencia encarnizada se desencadena entre iguales. Entre los pueblos, entre  edades, entre sexos, pero especialmente y sobre todo entre iguales.   Cada uno de nosotros lo sabe, cada uno de nosotros vive su penosa experiencia cotidiana: en el trabajo, en la calle, en su casa, a toda hora, todos tenemos un vecino a quien le  resultamos una molestia y que sueña con vernos muertos.  Y este vecino tiene a su vez, en  nosotros, un vecino que lo desea muerto y que se consuela proyectando deliciosas imágenes de su horizontalidad definitiva.  Es allí donde se encuentra, debajo de nuestras narices la causa de las causas, aquella que ávidamente buscamos en el espacio de los ricos y  poderosos. 

 

Que se entienda bien: nadie dice que esté mal denunciar la usura de los ricos y poderosos.  Está bien condenar los crímenes y los numerosos delitos encubiertos, de los que aparecen culpables aquellos a quienes nos complace llamar nuestros amos.  Es bueno y justo reclamar más justicia y equidad.  Pero es una locura tomarse en serio las falsas oposiciones con las que nos inunda el mundo moderno. 

 

El mundo moderno gruñe y pululan enfrentamientos personales y a la vez ideológicos, fuente de confusiones, divisiones, rencores y mezquindades infinitas.  Y es allí,  totalitario.  Apartemos los pretextos y los alibi, retiremos los disfraces con los que el mundo moderno encubre las facciones adversarias y se verá entonces tal cual es: una universidad de la revancha y del resentimiento, una escuela de celos y de envidia, cuyos aprendices revanchistas, envidiosos y celosos se destrozan entre sí con una ferocidad mucho más violenta  en tanto y en cuanto  se revistan de un adorno moral y conceptual.

 

A medida que la vida humana se vacía de sustancia, las ideologías rivales se multiplican en el planeta como pancitos. Panes amargos, panes de viento, que estas ideologías: liberalismo y antiliberalismo, capitalismo y anticapitalismo, racismo y antirracismo, fascismo y antifascismo, europeísmo y antieuropeísmo, mundialismo o antimundialismo, etc.  Como sus antepasados, estas nuevas ideologías tienen la característica de avanzar de a pares,  de la mano  pero con rabia en el corazón, se parecen a esas parejas rencorosas que el divorcio une con lazos más estrechos que el matrimonio.

 

Desde hace algún tiempo, una de esas parejas se distingue a la vez por su innegable poder de seducción y por su irascibilidad altamente inflamable:  el sionismo y el antisionismo.  Pareja infernal, pareja maldita, explosiva y sexy, capaz de sembrar el desorden y de excitar las zonas erógenas de la cólera y el desprecio más frenético; el sionismo y el antisionismo tienen una tendencia inoportuna a sentarse a su mesa sin haber sido invitados. Tienen también la tendencia a ubicarse confortablemente en los antepechos de sus hemisferios cerebrales sin que usted haya podido comenzar a pensar.  Allí también cada uno consultará su propia experiencia. 

 

Precisemos puntualmente:   cuando digo sionismo, no hablo  de la voluntad azarosa especialmente  racional,  y no razonable, de ciertos pueblos a ponerse a cubierto de masacres  de las cuales fueron generalmente víctimas.  Y cuando hablo del antisionismo, no hablo de una crítica legítima hacia un gobierno a menudo brutal, pícaro y agresivo.  Cuando hablo del sionismo y el antisionismo, hablo de las ideologías sostenidas entre sí por una radicalidad que no sólo enmascara su profunda identidad sino que disimula el soporte de una a la otra, el acuerdo subterráneo, la complicidad dinámica que justifica incansablemente sus violencias recíprocas  y ello de la forma más natural del mundo en ausencia de toda concertación previa.

 

En este caso de representación como en cualquier otro, el sionista produce al antisionista y el antisionista produce al sionista, infaltablemente, como toda media verdad termina por producir su propia contradicción en la media verdad opuesta. 

 

A esto me refiero, al teatro demencial de nuestro tiempo,  a la comedia loca y trágica de nuestra época.  Se puede pasar la vida estudiando las relaciones de las fuerzas, o relevando sus desequilibrios reales o fantasmagóricos, haciendo geopolitica como se dice hoy en los blogs, los cafés y los salones, uno puede también indignarse de veras, se pueden sacar puntualmente y en forma sana conclusiones favorables a un partido o a otro, uno no habrá comprendido nada si no se reconoce que como en tantas otras oposiciones actuales, oposiciones salvajes, intransigentes, permanentes, venenosas, apasionadas y grotescas, cada vez más grotescas por ser cada vez más apasionadas, el sionismo y el antisionismo son las dos caras de una misma moneda: movimientos que movilizan fuerzas del hombre en las categorías estrictamente opuestas, por ende estrictamente gemelas, por lo tanto estrictamente idénticas. Y quien las moviliza entonces en vano no es sino la nada y la muerte.

 

La mayor ilusión  es creer siempre que cuanto más violenta es la opinión,  tanto  más auténtica y diferente  de la opinión que combate será.  Y el error más grande es pensar que dichas opiniones o ideologías se fundan sobre convicciones estables, inamovibles, arraigadas en principios verdaderos y tangibles.  En verdad, en el totalitarismo igualitario no hay nada más sorprendente que la facilidad con la que la sustitución opera desde un enemigo al otro. Un antinacionalista furioso se vuelve nacionalista furioso de la noche a la mañana.  No habitamos un universo donde las ideas engendran la división sino más bien habitamos un universo donde la división  es la que engendra las ideas.  

 

Hay que afirmarlo con fuerza:  más que la antigua sociedad religiosa, es la sociedad civil la que está plagada de males privados.  Son males que ella refleja, ajusta, agrava o compele, pero que de ninguna manera sabría fabricar. La era denominada democrática se ha abierto por la exacerbación de las vanidades individuales, y desde allí, éstas no han cesado de ganar terreno para producir este engreímiento monstruoso,

este sistema verdaderamente totalitario en cuyo interior, retomando la acertada mirada de Bernanos, sólo tenemos que cruzarnos los brazos esperando que una mitad de la humanidad extermine a la otra mitad con el sólo propósito de exterminar las contradicciones que la corroen. Y viceversa. 

 

Con el tiempo, el aspecto faccioso  de estas oposiciones amenaza con revelarse provocando un remozamiento del compromiso y la rivalidad. Sin embargo, se torna cada vez más difícil negar que participan del aumento espectacular de los conflictos egocéntricos en el mundo.  Es cada vez más evidente que representan la señal de una humanidad a la deriva, con pérdida total de confianza, que busca fuera de sí con rabia, con desesperación, las razones de una infelicidad cuya causa es su propia libertad.  Porque la libertad cae como un rayo sobre los seres incapaces de vivirla y asumirla. 

 

El totalitarismo igualitario es el niño monstruo de nuestra libertad. La libertad es un don que se nos otorga cada día, y cada día hacemos lo que queremos de ella. Se trata de un don único, de un bien extraordinario, un bien peligroso y a la vez potencialmente redentor, reservado a las criaturas que somos, negado a las flores y  a los insectos,  pero mientras pensemos que es un derecho que los hombres  conceden, un valor, una conquista institucional, una victoria política, económica, social, es decir, en el fondo siempre el objeto inaccesible entre las manos del otro, robado, acaparado, usurpado por el otro, la guerra de todos contra todos,  jamás  tendrá fin.  Continuaremos enfrentándonos a guerras atroces:  la guerra igualitaria de los iguales sin misericordia.

 

Es por ello que el otro nombre del totalitarismo igualitario es el callejón sin salida. Y al final del callejón, paciente, el muro espera.