SUPREMACÍA DE LA VIOLENCIA

 

Por «suerte», por «desgracia», o por la «razón» que fuere, empezamos finalmente en el Occidente «civilizado» a querer comprender la violencia de estos «barbaros» islámicos.

Por «Dios», por «gracia», o por la «religión» que fuere, empezamos finalmente en el Oriente «religioso» a querer comprender la violencia de estos «irreligiosos » occidentales.

Estamos comenzando a entrar en la trampa todos juntos, y gracias a esta entrada final nos damos cuenta cuán pocos civilizados son unos y cuán poco bárbaros son otros: estamos empezando a ver LA SUPREMACÍA DE LA VIOLENCIA que sobrevuela a la humanidad entera.

Esta trampa es la fase cuasi-final de la violencia humana. Bienvenida entonces la trampa y bienvenidos los hombres de todas las razas a la violencia global cuyas consecuencias son absolutamente previsibles. Esta trampa merece un título honorífico del que el mundo humano ha presumido desembarazarse hace mucho: LA IGNORANCIA.

Puede doler demasiado saber que finalmente la «Sabiduría del Progreso» termina dejándonos frente a esta conquista inesperada: cuanto más hemos creído escapar del primitivismo salvaje con nuestras ciencias modernas más hemos avanzado en dirección única: una IGNORANCIA radical de lo que son nuestros prójimos. Por más «enemigos» que los caricaturicemos no es más que la última astucia intelectual.

Puede doler demasiado saber que finalmente la «Sabiduría del Corán» termina dejándonos frente a esta conquista inesperada: cuanto más hemos creído escapar del mundo occidental con nuestras leyes religiosas más hemos avanzado en dirección única: una IGNORANCIA radical de lo que son nuestros prójimos. Por más «enemigos» que los caricaturicemos en el fondo no es más que la última astucia sagrada.

 

Falta poco para que nos demos cuenta que somos todos parte  de un asunto que no sabemos manejar. Falta poco para que nos demos cuenta que nuestra ciencia, nuestra inteligencia, nuestra razón, nuestra religión y nuestros valores están igualmente repartidos en el mundo bajo este título honorífico. Falta poco porque todavía nos empecinamos en recriminárselos a un grupo del planeta y no a todos. Este grupo «salvaje» es tal vez el último «chivo expiatorio» de un Occidente en verdaderas y reales tinieblas por haberse arrogado tantas «luces», muchas de ellas provenientes de esa Francia jactanciosa del siglo XVIII de las que el mundo entero occidental tanto se envaneció después. Incluso se envanece hoy. Quisimos libertad…Aquí la tenemos! Quisimos igualdad…Aquí la tenemos! Quisimos fraternidad…Aquí la tenemos! Son estas «LUCES» maravillosas que la HUMANIDAD quiso para sí para que nos iluminen hacia el paraíso terrenal, el progreso, la técnica, las ciencias y las comunicaciones globales, etcétera…Aquí lo tenemos todo! Y lo tienen todos en el planeta tierra…hasta los que menos quieren admitirlas. Aquí no hay pueblos sobre la faz de la tierra que no disfruten de los beneficios de la ciencia y de la tecnología por más libros que invoquen, Dios que alaben, gritos de santidad que alardeen.

Todavía tenemos la ilusión, de un lado y del otro, que un «chivo expiatorio» puede «iluminarnos» un poco mejor. No está mal, al fin y al cabo, que la «inteligencia avanzada» de unos y la «religión ancestral» de otros, nos depare a todos la última ilusión después de habernos deparado tantas.

Pero, sin duda, es la última y definitiva. Deberíamos agradecer que aún tenemos esa capacidad de ofrecernos en el altar sacrificial este «último chivo expiatorio» al que llaman TERRORISMO o INCREDULIDAD (da lo mismo). Somos MÁS racionales y fieles que nunca, más intransigentes y necios que nunca, y cuánto más dispuestos estemos en destruir al «enemigo» tanto más descenderemos con él en el precipicio final.

Después de sacrificar este «chivo expiatorio» ya no tendremos ninguna protección. Todo indica que nos inmolaremos con él.

1—De ahí que cause tanta repugnancia que unos “se inmolen a sí mismos” y eso nos resulte escandaloso para nuestras mentes avispadas y esclarecidas que no puede digerir semejante «aberración» y «brutalidad», como nos gusta caracterizarlo para tranquilizarnos un poco antes del fin.

2—De ahí que nos cause tanta repugnancia que unos “se perviertan a sí mismos” en la incredulidad y eso nos resulte escandaloso para nuestras mentes llenas de fervor religioso que no puede digerir tanta «blasfemia» y «abominación», como nos gusta caracterizarlo para tranquilizarnos antes del final.

Es obvio que Occidente desvía la mirada porque hace siglos que decidió rehumanizarse. Es obvio que Oriente desvía la mirada porque hace siglos que decidió redivinizarse. El camino que lleva a un humanismo existencialista y relativista ES EL MISMO que lleva a un Dios elevado y totalitario. 

La miopía se acrecentó paulatinamente ante esas desviaciones y no cabe duda que sobrevendrá ahora la más aterradora ceguera. Las tinieblas están ya esperándonos porque no hemos hecho otra cosa que convocarlas muy insistentemente con ciencia o con plegarias (da lo mismo) más precarias que las de cualquier religión arcaica. Estamos muy ordenados y disciplinados en esa dirección.

Nunca más empecinados como hoy en «REZARLE» a nuestra inteligencia científica, tecnológica y civilizada al mismo tiempo que a nuestra creencia religiosa, mística y tradicional.

Estamos matando a nuestros hijos, a nuestros hermanos, a nuestras esposas, a nuestros padres, a nuestras madres. A todos para resumir. Tanto insistimos en ponderar la «sabiduría» de la Grecia Antigua y el «heroísmo» de la Roma Antigua, tanto insistimos en venerar la «profecía» de Mahoma y la grandeza de los Califatos, que nos encontramos directamente en el corazón más siniestro, con ejércitos más criminales y con personajes más brutales.

Aquí no hay dos civilizaciones que se enfrentan entre sí. Aquí hay millones de hombres que no se entienden más. Aquí hay hombres muy recalcitrantes por todas partes venerando lo que sea.

Fuimos almacenando la Violencia y es hora de gastarla toda. Se esparce adentro, afuera, por los costados, por los alrededores, se justifica con la «Razón» o con el «Cielo» (da lo mismo) y estamos tête a tête ante los efectos más desastrosos.

Esa violencia proviene de los hombres aunque todavía haya un lugarcito para los «buenos» y los «malos». La cosa es tan ambigua que no sabemos quién es el bueno y quién es el malo.

No existe ninguna diferencia entre unos y otros, ninguna en absoluto. Nuestra obstinación en marcar las diferencias debe llamarse con ese título honorífico de IGNORANCIA. La división que hacen unos y otros procede de este mismo honor. Honor recíproco que cuanto más se reivindica tanto más se le concede al adversario. No queda otro remedio que perpetuar la IGNORANCIA, intensificarla cada vez más porque ya no hay vuelta atrás. Y el remedio de uno es el veneno del otro (y viceversa) que se expandirá a todos.

La trampa nos permitirá dentro de poco captar esta doble función del remedio y el veneno. Un poco lo percibimos cuando de ambos lados se habla de víctimas inocentes. Perdimos todo sentimiento por la vida y por las víctimas. Esa preocupación por las víctimas se desvaneció casi por completo o se convirtió en discurso de farsantes.

Ingresamos finalmente en una sociedad de represalias y de venganzas  que no podrán detenerse ya más. No importa que unos se asocien en «Nombre de Dios» y los otros en «Nombre de la Razón»: se trata de la misma idolatría que los hombres fueron practicando a lo largo de la historia porque se desviaron de la Verdad que no lleva nunca nombre humano y no es propiedad de nadie.

Los hombres son especialistas es sustituciones de ídolos de todo tipo, pero llegó la hora en que no encontrarán ninguno más del que ya tienen. Lo defenderán hasta la muerte, literalmente. El último sustituto fueron las Naciones para unos y los Califatos para otros. Ahora el globo terráqueo no admite más fronteras ni enemigos externos. Salvo que aparezcan algunos extraterrestres más delirantes que nosotros, no hay a quien enfrentar. Agotamos los recursos de las mentiras a medias para enfrentar ahora LA VERDAD MÁS VERDADERA Y REAL DE TODAS: somos HOMICIDAS desde el comienzo de los tiempos. Y cuando se nos advirtió de ello desviamos la mirada. Esa terrible verdad la negamos, la disimulamos todo lo que pudimos hasta no poder más. Salta a la vista de cualquiera que lo somos y desde siempre. En nada, salvo en decorados, ha cambiado el hombre desde los tiempos de Caín y Abel.

En este tablero, cada cual endosará con idéntico ardor sus represalias, cada cual justificará con idéntica «lucidez» su violencia, cada cual se obstinará más y más de «culpabilizar» al enemigo. ¿PERO QUIÉN ES EL ENEMIGO? No tenemos ni podremos tener la mínima idea de quién es. Lo cierto es que quien se arrogue la identificación de ese «enemigo» será solamente el más brutal. Es cuestión de grados porque el enemigo de la violencia será más violento todavía. Cuanto más queramos condenarla y escapar de ella, más crecerá. Y cuanto más crecerá más nos empeñaremos en condenarla.

Se ha cerrado el círculo y ahora gira la espiral hacia abajo con una velocidad que no podemos detener. ¡SEPÁMOSLO TODOS!

Enraizados como nunca en el HOMICIDIO COLECTIVO, somos los hombres todos los que estamos acomodándonos por fin al desastre. Cualquier esfuerzo por interrumpir este proceso lo acrecentará. Será un esfuerzo inútil. Hasta un niño de cinco años podrá ver lo irreversible del proceso. Lo tendrá que vivir en carne propia. Todas las canciones de amor, todas las especulaciones teóricas, todas las ideas religiosas, todas las intenciones pacifistas serán más ridículas que nunca. Hay que dejar que los muertos finalmente entierren a los muertos.

No se trata de piadosos deseos de paz ni de fórmulas hipócritas. Se trata muy simplemente de comprender que el Apocalipsis no es el castigo de Dios al final de los tiempos sino ESE MOMENTO FINAL Y ÚLTIMO al que los hombres llegan por responsabilidad propia.

Todo lo contrario de esa ingenua lectura que quiere hacer del Apocalipsis la furia implacable de Dios en verdad es la advertencia desde el comienzo de los tiempos que los hombres prefirieron ser desobedientes y violentos hasta el final. Lo que nos queda es comprender esta lógica humana. Disponemos por todas partes de los textos religiosos, científicos y literarios necesarios para comprenderla. Pero no.

Que a esta altura nos neguemos a leer lo que hay que leer ES UN DETALLE MENOR. Lo único cierto es que los acontecimientos actuales son demasiado elocuentes como para que no veamos LA VIOLENCIA en que hemos caído hace tiempo y en la que insistimos en caer de un rincón y del otro de la tierra y de todos los rincones que quedan. La Verdad vino a revelarnos esa IGNORANCIA fundamental pero la hemos expulsado del mundo porque quisimos adueñarnos del mundo. Ahora que lo tenemos en nuestras manos no sabemos PARA DÓNDE DISPARAR, en el ambiguo sentido de caminar o de fusilar.

 

Guido Mizrahi

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